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viernes, 17 de noviembre de 2017

LA CULPA DE LA BURLA



Carta No. 3


Día de la desgracía


Para el Sr. sin nombre.


A todo aquel que haya tenido miedo más de alguna vez.

(Estas fueron las palabras de un hombre después de una infortunada pregunta)

Quisiera calcular... Cuanto he gozado del dolor y sufrimiento humano...

¿Cuanto habrá sido?

Tanto como he podido, es en realidad un placer que he tenido; tal placer he tenido sin que hacer el trabajo sucio de alguien. Debo decir también que este dolor no me ha dejado y aun siendo un espectador más de la cruda realidad no me ha dejado, no me deja, ni me dejará... (En ese instante se ríe a tal grado que no se podía contener.

-Esa risa no es buena podrá asfixiarte, pará ya... no me escucho y así seguí hasta que me contagie de su frondocidad-

luego de un rato retome la postura. -Te he hecho una pregunta y no respondes-  Está bien dijo.

Antes de decir una palabra después de estas, ¿quiero entender de que se me acusa?

Bueno, Creo que usted sabe el fin y el límite de sus acciones, tanto que parece no tener ningún tipo de importancia... Sabiendo que es lo que quiere, empezaré.
Se me ha informado de lo que pasa...
-Estoy totalmente de acuerdo.

y es ese palurdo sentir, su nombre iba perdiendo.


LA CAÍDA

Carta No. 2

Día de la agonía


Para Pa´u pa.


     Quisieron los caminos que nos perdiésemos en frutos prohibidos... 

Cambiaron las rutas, la verdad no se ha donde iban, controle el sistema de mi vida, pero yacía perdido en la vagancia, como el soldado que busca la paz con la guerra, no por no saber lo que hace, sino por defender lo que no es justo; ave maría, si lo que es injusto termina siendo justo para el bien de la comunidad. Que hediondez se escucho en un grito... ¡La pura podredumbre! no, así no se exige.

Siguieron los saltos, las mejillas dolientes solo eran aliviadas por el ardor de las lagrimas, quien gritó, gritó uno, la moralidad los acompaña cerdos inmundos; hasta aquí el cielo siempre fue claro, gris pero claro, ¡claro! como las heridas que lo desahuciaban, no son nada a lo que sentirán, en ese momento quise tener un verdugo y matarme antes de darles el gusto de matar simbólicamente mis ideales.     

Ahora se que nadie quiso el bien, pues de lo contrario, lo contrario estaría cambiado, tanto que no fue fácil como lo decía, ya que los hechos y las consecuencias dejaron que la libertad hiciese mutis, a la democracia impuesta, donde una es ninguna y aguanta con todo, como el caballo, así fui violada para luego ir perdiendo los senos, los ojos, los brazos hasta por último, sentir como me arrancaban el valiente corazón que ya no tenía más que...

CARTAS DEL MÁS ALLÁ

Carta No. 1                                 

                                                                                                                Ciudad de los recuerdos,
día último.


     Para: el interesado en esta o en aquella.


    Hace poco más de lo que recuerdo (Hipotéticamente un poco más), perdí la conciencia de todo, todo era la nada que recordaba... Bah, debo decir que no era justa esta oscura frialdad de la mente, traidora, tardía y promiscua... engañar a cualquiera (solo es necesario que alguien sea audaz y, por el contrario este necesite un inocente crédulo que esté dispuesto a creer todo lo que quiera o necesite creer), remito al pensamiento traidor de toda verdad pues, "la mente es la peor máquina de maldad que el hombre posea, ya que, cuando la pone en función cualquier espacio es pequeño para las grandes distancias a las que esta puede llegar". 

     Casi desbordo al colapso la realidad, lejana muy lejana en un espacio en donde la acusadora conciencia está enmudecida y vacía.

     ¡No! no, no... hubieron palabras, y si las hubieron no fueron escuchadas, una condena a la amarga existencia del ser, encerrado en un silencio rotundo que pareció eterno, tanto fueron los estragos que todo y todos habían quedado en nada. Un suspiro bago mientras tragaba la amarga saliva de mí boca sellada con el forzoso silencio que a condena dictaba en mi contra... No podía hacer nada, en verdad no pude, tampoco ellos pudieron. Fuimos condenados al vacío, soterrados callamos forzosamente así gritamos unos gritos que no fueron y nunca serán escuchados. 

     Ese silencio me peso más que la tierra que terminaba con mi vida, y no lamento el deceso ya que es un bien que por vivir te ha de pasar, el lamento es para la justicia que con sangre inocente se bañaba; aquí la sangre es blanca debido a que mientras más sangras más brillas y aquel que te hace sangrar cada vez es más puro. Tanto ha sido el olvido que la mente se ha dado a todos en calidad de causa y justificación tratando de recordar un recuerdo en garantía de bien, engañando hasta los hijos que saborearon la sangre que se mezclaba con la tierra que los vio nacer. No hay sentimientos aquí no los hay, pues aunque tengas historia maldito es el recuerdo para quien lo hace... 

     La pesadilla de todos es la inseguridad, aquí la mente traiciona a todos. creándoles  y alentando una salida de donde no hay realidad.